lunes, 26 de septiembre de 2011

García y Bencomo siguen la huella de sus padres

Foto JAIRO ALTUVE
Ramón García (izquierda) y Omar Bencomo (derecha), 
quieren escribir una nueva historia con el nombre de sus padres

Los hijos de Ramón García y Omar Bencomo, dos nombres históricos del club, quieren labrarse su propio destino, sin olvidar sus orígenes 


VALENCIA
Ramón García se acomoda en el montículo del bullpen, ubicado al final del jardín izquierdo del José Bernardo Pérez, y suelta una poderosa recta, el primer pitcheo de una sesión en la que deberá realizar un máximo de 25 envíos. Es el inicio de las prácticas.
Otro Ramón García, su padre, ex grandeliga y figura del Magallanes desde finales de los 80 hasta la década de los 90, le observa con detenimiento, refugiado en la sombra que proyectan las gradas del parque.
“Es una gran satisfacción saber que él me está chequeando”, asegura García hijo, que en agosto cumplió 20 años de edad. “Trato de seguir sus pasos para que se sienta orgulloso de mí”.
“Es un poco duro tener que trabajar con él como coach. Cuando está haciendo bullpen siempre le digo a Yfraín (Linares) o a (Marty) DeMerritt, que estén pendientes. Toda la vida lo he llevado yo, así que en ocasiones prefiero el juicio de otros sobre él. Pero es un orgullo verlo con ese uniforme”, admite García padre, que desde el año pasado forma parte del cuerpo técnico de las filiales bucaneras en el Programa de Desarrollo.
“Si iba a jugar beisbol era como pitcher. Nunca tuve dudas”, rememora García hijo, considerado una promesa en las granjas de los Cachorros de Chicago, gracias a una recta de 92 millas por hora y un control quirúrgico que redujo sus boletos a 10 en 53.1 innings, repartidos entre las categorías de novatos, clase A y doble A, en 2011. “Lo decidí cuando veía los Caracas-Magallanes. Era un niño, pero me sentía muy contento de ver a mi papá lanzar. Desde que comenzó a llevarme al dugout, estoy aprendiendo. Creo que soy un pitcher guerrero como él. Me enseñó que hay que fajarse cada vez que sales al montículo”.
Más allá, en el jardín izquierdo recogiendo batazos de la práctica de bateo, Omar Bencomo hijo, esperaba su turno para hacer bullpen.
“Tengo muchas expectativas. Es mi primera práctica con el equipo grande. Esto es un sueño desde que estaba pequeño viendo a mi papá lanzar. Siempre andaba de clubhouse en clubhouse”, destacó el derecho, de 22 años de edad, considerado prospecto de los Rays de Tampa Bay.
“Creo que tiro tantos strikes como lo hacía mi papá. Al menos eso es lo que dicen. A él le debo muchas cosas, desde que me convertí en profesional (en 2007). El resto vendrá con el tiempo, con la experiencia”.
Bencomo padre lanzó durante 15 años en la LVBP, los primeros seis con los Navegantes, equipo con el que fue Novato del Año en la zafra 1984-85. Vistió por última vez la casaca de los valencianos en 88-89, pero su nombre todavía aparece entre los líderes vitalicios de la franquicia en triunfos (22, séptimo), aperturas (52, sexto) e innings (337.0, noveno).
“Es un orgullo que ya se encuentre en las prácticas con Magallanes”, dice Bencomo padre, de 47 años de edad, que trabaja como coach de Bravos de Margarita. “Espero que cuando se ponga el uniforme, sea disciplinado. Que trate de ser el mejor lanzador posible, como un profesional. Cuando me dieron la pelota por primera vez, traté de hacerlo lo mejor que pude. Esa fue mi actitud. Espero que siga ese consejo”.

Una nueva historia. Bencomo padre fue un consistente abridor, pero un pitcher de poca velocidad en sus envíos, que vivía de las esquinas, de esconder la pelota y de sus lanzamientos quebrados. Bencomo hijo hizo la transición a relevista a tiempo completo este año. Es dueño de una recta de 90-91 millas por hora, que combina con una muy buena curva. Este año lanzó en la Liga del Medio Oeste (A) y sus progresos han sido notables.
“Siempre le digo a Omar que no trate de imitarme, que sea mejor que yo y que sepa que siempre estaré orgulloso de él”, señala Bencomo padre.
“Es muy emocionante ver a estos dos muchachos. Omar, igual que yo, fuimos lanzadores de mucha calidad en este equipo. Verlos seguir nuestros pasos, te llena de satisfacción”, agrega García padre, que ostenta la décima efectividad más baja (2.99) en la historia del Magallanes y la quinta cantidad más alta de triunfos (25). También se ubica entre los mejores en aperturas (61, quinto), ponches (228, séptimo) y entradas (376.0, séptimo).
“Es una responsabilidad ser su hijo, pero debo ser yo mismo. Que me conozcan por lo que hago. Por eso estoy trabajando duro, para impresionar y quedarme en el equipo grande. Es tiempo de hacerlo”, acota García hijo.
“Nunca lo he mimado”, subraya García padre, que en 1991 jugó en las grandes ligas con los Medias Blancas y más tarde, entre 1996 y 1997, con los Astros. “Sólo le digo haga su trabajo, que labre su propio camino. Tiene que aprender a sobrevivir. Ramón ha llevado un tipo de vida más suave que la mía. Los tiempos en los que lancé fueron duros. Trataba de sobrevivir y llegar rápido, porque lo necesitaba. Él sólo tiene que enfocarse en el beisbol y hacer su trabajo”.
García y Bencomo, hijos únicos, saben que el camino es largo y el listón que dejaron sus padres todavía está alto, pero que con la herencia de beisbol que llevan en sus genes, vale la pena intentar alcanzar, mientras escriben una nueva y mejor historia.

LosDatos

Omar Bencomo padre encabezó la liga en efectividad con 1.02 en la 94-95, cuando lanzaba para las Águilas.
Ramón García padre encabezó al Magallanes en ponches con 54 y fue uno de los líderes de la LVBP.
Omar Bencomo hijo fue uno de los primeros prospectos que salió de la academia de Tampa Bay en el país.
Ramón García hijo exhibió record de 5-0 en la Liga de Arizona, con 3.12 de efectividad antes de lanzar clase A y doble A.



Esta nota apareció publicada en el diario El Nacional el 26 de septiembre de 2011

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