domingo, 26 de enero de 2014

Jean Machí, un artista del splitter

Infografía El Nacional

El cerrador del Magallanes engaña a los bateadores con un envío que ha logrado dominar sin mayor esfuerzo


PUERTO LA CRUZ
Jean Machí tarda muy poco entre un envío y otro. El bateador no tiene mucho tiempo para pensar y en el momento menos esperado es engañado por la recta de dedos separados del relevista del Magallanes.

Incluso cuando el rival sabe que el taponero recurrirá a ese envío, la mayoría de las veces abanica. 

Hace una semana, Machí apenas necesitó nueve pitcheos para ponchar a tres bateadores de los Tiburones de La Guaira en el noveno inning y rescatar la victoria número 10 del Magallanes en el round robin, que lo colocó a un paso de lograr el pase a la final.

“Llamé el primero de sus splitters, pero el resto fue decisión de él”, recuerda el receptor Ramón Hernández, testigo de excepción de lo que logró ese día el taponero de la nave. “Lo que vi no solo fue una gran relevo, sino la mejor recta de dedos separados que haya presenciado en mi carrera, aquí y en las grandes ligas. Me sorprendió. Estaba imbateable. Impresionante. No falló con ninguno de esos envíos”.

Los números hablan. En 2013, apenas siete relevistas de las mayores recurrieron más de 200 veces al splitter, entre ellos Machí, con los Gigantes de San Francisco.

Cuando el derecho usó su principal envío, los bateadores hicieron swing el 49,82% de las veces y de ese porcentaje apenas el 12,32% hizo contacto, un índice que apenas fue superado por Brandon League (7,05%), de acuerdo con Baseball Prospectus. Machí estuvo por encima de Joaquín Benoit (15,12%), Koji Uehara (17,48%), Junichi Tazawa (23,71%), Joel Peralta (25,28%) y Edward Mujica (33,20%), mientras que encabezó a la reducida lista con 4,40 roletazos por cada elevado. Una cifra impresionante.

Baseball Propectus también revela que el movimiento vertical de ese envío es de -1,61, es decir, literalmente se “entierra” cuando llega al plato. Lo que hace todavía más difícil el contacto de los bateadores.

“Desde que firmé contaba con el splitter en mi repertorio. Gracias a Dios ese pitcheo me ha llevado hasta donde estoy. Así que lo seguiré usando. Cuando menos lo esperen lo tiraré”, señala el lanzador, que en 2002 firmó su primer contrato profesional con los Filis.

Un envío particular. El splitter se lanza muy parecido a la recta, con la misma acción y velocidad del brazo. La diferencia está en el agarre.

Cuando el pitcher ensaya la recta de dos o cuatro costuras, coloca los dedos índice y medio muy cerca para que al momento de ejecutar el lanzamiento la bola salga con la máxima velocidad posible. En el agarre del splitter ambos dedos estás lo más separados posible y la bola está atrás en la mano, con la muñeca un poco más rígida de lo normal. Así que ayuda tener unas manos grandes como las de Machí.

Es un envío que a medida que pasan los años, sus cultores logran mejorarlo. Freddy García ha vivido de ese pitcheo en los últimos años de su carrera, luego que las operaciones en el hombre fueron mermando la velocidad de la recta que le llevó a ponchar a más de 140 bateadores en 7 de sus primeras 10 temporadas.

En el caso de Machí, que el 1°de febrero cumplirá 32 años, el envío llegó tan natural como subirse al montículo. 


“Lo domina sin hacer mayor esfuerzo y a lo largo de su carrera lo ha ido perfeccionando. No es un pitcheo usual, pocos lanzadores pueden llegar a tirarlo con la efectividad de Jean”, asegura el agente Félix Olivo, presidente de OL Baseball Group y ex scout, que ha representado al anzoatiguense desde 2007. “Durante los entrenamientos primaverales del año pasado, Jean se convirtió en la atracción del resto de los lanzadores de San Francisco, incluido Matt Cain, quienes se detuvieron a verle lanzar un bullpen para intentar descubrir cómo lograba tirar el splitter de esa manera”.

Del short al montículo. Jesús Chalao Méndez, director de operaciones de Filadelfia en el país, fue el cazatalentos que reclutó a Machí.

“Cuando lo observé por primera vez era campocorto, pero tenía tendencia a ser corpulento y por la potencia de su brazo lo convertimos en pitcher. Siempre tuvo buena recta y noción del spiltter, pero cuando se trata de un lanzador joven prefieres que se enfoqué en otros pitcheos secundarios como el slider y la curva”, recuerda Méndez.

A partir de 2005, con Tampa Bay, comenzó a perfeccionarlo.

“Había que darle tiempo al chico. Tenía el potencial para ser un cerrador en cualquier liga. Siempre lo supe, solo que el mismo Jean debía creerlo. Tiene un gran repertorio”, asegura Marty DeMerritt, experimentado coach de pitcheo de los Rays, que instruyó a Machí durante varios años con Magallanes.

Ahora luce mucho mejor que cuando ganó el Carrao Bracho, como Pitcher del Año del año en la 2009-2010, cuando los Navegantes también disputaron una final.

“San Francisco ha estado monitoreando el desempeño de Pablo Sandoval con el Magallanes y, obviamente, también cuenta con reportes de Machí. Ahora mismo pienso que no solo es una opción para el relevo intermedio de los Gigantes”, enfatiza Olivo.

Confianza y madurez. La diferencia con relación a las campañas anteriores en las que Machí tendía a la inconsistencia es la confianza y la madurez que ha adquirido, tras su paso por las mayores durante los últimos dos años.

“Creo que me he enfocado en tirar strikes. Nunca había conseguido un inning de tres ponches con 9 pitcheos. Ahora trato de sacar rápido la entrada. Es lo que me han dicho cerradores como Mariano Rivera, Sergio Romo, (Oscar) Manacho Henríquez, incluso Ugueth Urbina. Sales a salvar, ganar o perder el juego. Debes hacer los pitcheos adecuados”, explicó Machí, que en el terreno ha ejecutado lo que predica.

“Puede usar su splitter en cualquier conteo y situación del juego. No tiene temor de hacerlo. Con el tiempo ha mejorado”, indica Roberto Espinoza, instructor de lanzadores de la nave.

Pocas veces su splitter se queda colgada y cuando eso ocurre el pitcheo no es efectivo, los bateadores hacen pagar el error. Machí lo sabe y si falla, los aficionados se lo recordarán.

El cerrador pocas veces encuentra la manera de redimirse en el mismo encuentro. Debe esperar hasta la siguiente situación de salvar.

“Sino ejecutas esas cosas ocurren. Pero ahora mismo estoy colocando los pitcheos donde quiero. Claro, todos tenemos días malos. No existe el lanzador perfecto. Con los golpes uno aprende. Los tropiezos te llevan a mejorar”.


Hasta ahora lo ha logrado y siempre contará con su recta de dedos separados para salir de aprietos.

Esta nota apareció publicada en el diario El Nacional el 26 de Enero de 2014

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